Guiñazú, a quien Sabella sacó en el descanso, valoró el saludo del DT al final y aceptó: “Acá importa el equipo”.
Después de abrazarse con el profe Pablo Blanco y sus ayudantes Gugnali y Camino, un exultante Alejandro Sabella buscó a alguien especial y también le estampó su sudada camisa en el pecho: fue Pablo Guiñazú.
Es que las urgencias pueden tener caras de hereje y el cordobés de 33 años no salió a jugar el segundo tiempo para que ingresara el Kun Agüero. “Sí, Sabella vino a abrazarme y está bien, porque me había sacado. Pero no hay ningun problema, estoy muy contento porque acá lo que importa es el equipo y se ganó un partido muy importante. La variante fue una cuestión táctica, nada más”, explicó el zurdo de Inter de Porto Alegre, quien jugó su primer partido por los puntos con la Selección en un nivel aceptable y en una posición que ya no cumple habitualmente: casi como volante externo. Antes, Guiñazú había jugado cuatro amistosos con Bielsa y uno con Sabella (ante Brasil). Ayer se dio el gusto, más allá de que salió muy rápido.

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