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Recuerdos Bosteros
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Recuerdos Bosteros
Enviar a un amigoLuego de que Navarro Montoya le atajara el remate al Luifa Artime en la definición por penales de la final de la Supercopa de 1989, Blas Armando Giunta tomó el balón con sus manos y lo puso en el punto del penal. Era el disparo que definiría si Boca vencía a Independiente y levantaba el trofeo.
Parecía que no había nadie más adecuado para tomar aquella responsabilidad. Si bien Giunta no se caracterizaba por su pegada exquisita, el pueblo boquense sabía que era un hombre que destilaba sangre fría y guapeza. El juez pitó y el arquero Pereira fue hacia su izquierda; la pelota, a la derecha. Gol y grito. Grito y triunfo. Triunfo y vuelta olímpica. De esta manera Blas Armando Giunta, sinónimo..
UNA COSA QUE EMPIEZA CON B… BOYÉ!
Los más veteranos todavía recuerdan la sinfonía en los tablones. “Yo te daré, te daré niña hermosa, te daré una cosa, una cosa que empieza con B… Boyé”. Con esa música la hinchada homenajeaba partido tras partido a un hombre que no cesaba de hacerlos gritar hasta la afonía. Gracias a sus constantes conquistas Mario Boyé, “El Atómico”, se transformó en un símbolo de aquellos años dorados de Boca y del fútbol argentino.
A principios de los 40, Boca todavía no conseguía un goleador que lograra tener el poderío ofensivo de Domingo Tarascone y Francisco Varallo, sus antecesores de las décadas del 20 y 30. Sin embargo, el salvador llegó en el torneo de 1941
ROBERTO CHERRO, GOLES SON AMORES
La vieja tribuna todavía lo recuerda corriendo tras el balón y realizando una gambeta en una milésima de segundo para eludir a su marca y quedar frente al arquero que ya nada podría hacer. Lo que seguía era el estruendoso grito de gol que bajaba desde los tablones… una música que Roberto Cherro se cansó de oír a lo largo de doce años vistiendo la azul y oro.
Esta leyenda del fútbol argentino nació el 23 de febrero de 1907 en Barracas. Por aquel entonces su apellido se escribía Cerro, sin hache; con el tiempo, la pronunciación italiana le agregó una letra más. Se inició en el fútbol en Sportivo Barracas y a los 17 años debutó frente a Porteñ
UN “TANO” PINTADO DE AZUL Y ORO
En 1946, cuando Europa todavía era un infierno desvastado por la guerra que había finalizado un año atrás, la ciudad italiana de Cosenza vio nacer a uno de sus hijos pródigos. Como muchos otros, el recién llegado no sería profeta en su tierra, sino al otro lado del Atlántico, en un país que prometía oportunidades.
A los dos años, Nicolás Novello ya había dejado atrás su pueblo natal para afincarse junto con su familia en Buenos Aires. Seguramente, por aquellos años, sus padres no sospechaban que el destino de su hijo estaría signado por el rugir de las tribunas, las gambetas endiabladas y los goles electrizantes.
“TARASCA”, EL NOMBRE DEL GOL
Cuando se hurga un poco en la extensa historia de Boca, cuando se ojean páginas y páginas de fotos descoloridas o de tonos sepia, cuando se recaban datos de los años del amateurismo, indefectiblemente sale a la luz el nombre de Domingo Tarascone. Este potente jugador se inició en Atlanta, en donde jugaba como wing derecho. Allí se desempeñó hasta 1921, pero en la temporada siguiente mudó sus colores para calzarse la azul y oro.
Tarascone arribó a la ribera y se encontró con que el puntero derecho boquense era, ni más ni menos, que el gran Pedro Calomino. Debido a ello, pasó a pararse en la cancha como centrodelantero.
LOCO POR EL FÚTBOL
En un lejano Boca v. River de la década del 60, cuando Gatti todavía defendía los colores rojiblancos, la hinchada xeneize arrojó una escoba cerca del arco. El golero del club de Núñez, en una de sus clásicas ocurrencias (locuras, diría alguno), tomó aquel destartalado adminículo de limpieza y comenzó a barrer al área. Fue allí cuando los simpatizantes boquenses cambiaron insultos por carcajadas. Por aquel entonces, aunque ninguno de los dos lo sabía (ni la hinchada ni el propio Gatti), varios años más tarde el gran guardavalla desembarcaría en Boca para salir campeón en reiteradas oportunidades y recibirse de ídolo.
Hugo Orlando Gatti nació el 19 de agosto de 1944 en Carlos Tejedor.
RATTIN, EL ULTIMO CAUDILLO
Cuando Antonio Ubaldo Rattin todavía era un niño, hacía mandados a bordo de una pequeña embarcación por diferentes afluentes del Delta del Tigre, de donde era oriundo. En cierta oportunidad, un hombre que realizaba mudanzas en una barcaza le pidió que le diera una mano. Si bien no tenía dinero para pagarle por sus labores, le prometió, a modo de recompensa, un cuadro con la fotografía del equipo de Boca campeón de 1943. El jovencísimo Antonio no dudó ni por un minuto: remó con ahínco y ganó su premio. Su entusiasmo por el club de la ribera se remonta a aquellos años.
A mediados de la década del 50, Rattin, apasionado por el fútbol, vislumbró que quería dedicarse a este deporte
RUBÉN SUÑÉ, EL GRAN CAPITÁN
En la memoria col
